Cada 2 de noviembre la Iglesia celebra la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos: un día dedicado a rezar por las almas del Purgatorio, que murieron en gracia de Dios pero aún se purifican antes de entrar en el Cielo. Ayer, en la fiesta de Todos los Santos, miramos a la Iglesia que ya triunfa en la gloria; hoy nos volvemos hacia la Iglesia que todavía purga y espera, y que necesita de nuestra oración.
En el Colegio de la Victoria queremos vivir este día junto a nuestras familias, recordando con amor a quienes nos precedieron y ofreciendo por ellos nuestras oraciones, sacrificios y, sobre todo, el Santo Sacrificio de la Misa.
¿Qué se celebra el 2 de noviembre?
El 2 de noviembre se conmemora a todos los fieles difuntos. La Iglesia ofrece ese día la Misa de Réquiem por todas las almas que todavía se purifican en el Purgatorio, para que alcancen cuanto antes la visión de Dios.
La fecha no es casual. Sigue inmediatamente a la fiesta de Todos los Santos, y así la liturgia nos muestra en dos días seguidos la unidad de la Iglesia: los santos que gozan de Dios, las almas que esperan y nosotros, que todavía peregrinamos en la tierra.
Un poco de historia
La costumbre de rezar por los difuntos es tan antigua como la Iglesia. Ya en el Antiguo Testamento, Judas Macabeo mandó ofrecer un sacrificio por los soldados caídos, y la Escritura comenta: «Santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos, para que sean librados de sus pecados» (2 Mac 12, 46).
La celebración del 2 de noviembre se extendió desde la abadía benedictina de Cluny, en Francia, donde el abad San Odilón dispuso, hacia el año 998, que todos sus monasterios dedicaran ese día a orar por los difuntos. La costumbre pasó luego a toda la Iglesia.
En 1915, en plena Primera Guerra Mundial y ante tantos muertos, el papa Benedicto XV concedió a todos los sacerdotes el privilegio de celebrar tres Misas el 2 de noviembre: una por una intención particular, otra por todos los fieles difuntos y otra por las intenciones del Sumo Pontífice.
¿Qué es el Purgatorio?
El Purgatorio es el estado de purificación de las almas que mueren en gracia de Dios, pero que todavía no están del todo limpias de las consecuencias de sus pecados. Tienen asegurada la salvación, pero deben purificarse antes de entrar en la presencia de Dios, porque en el Cielo no puede entrar nada manchado.
Las almas del Purgatorio ya no pueden merecer nada para sí mismas. Por eso dependen de la caridad de la Iglesia que todavía está en la tierra: nuestras oraciones, sacrificios, limosnas e indulgencias pueden aliviar y abreviar su purificación. A esta comunión de bienes entre los fieles vivos, las almas que se purifican y los santos del Cielo la Iglesia la llama Comunión de los Santos.
La Misa de Réquiem
La Misa propia de este día es la Misa de difuntos o de Réquiem, llamada así por las primeras palabras de su introito: «Requiem aeternam dona eis, Domine», «Dales, Señor, el descanso eterno». En la liturgia tradicional se celebra con ornamentos negros y se canta la secuencia Dies irae, que medita sobre el Juicio y pide misericordia.
La oración que acompaña la imagen de este artículo reúne dos textos de esa Misa: el tracto Absolve, Domine y el antiguo Requiem aeternam:
Libra, Señor, las almas de todos los fieles difuntos de toda atadura de pecado. Dales, Señor, el descanso eterno, y la luz perpetua los alumbre. Amén.
La pintura que ilustra este día muestra la misma verdad: la Sagrada Eucaristía, adorada por los ángeles, es la fuente de la que brota la gracia que libera a las almas del Purgatorio y las eleva hacia Dios.
Cómo vivir este día en familia
La educación en la fe empieza en casa, y este día ofrece una ocasión preciosa para enseñar a los hijos que el amor no termina con la muerte. Algunas maneras sencillas de vivirlo:
- Asistir a la Santa Misa y ofrecerla por los difuntos de la familia.
- Visitar el cementerio y rezar ante la tumba de abuelos, padres o amigos. Es una buena oportunidad para contarles a los hijos quiénes fueron.
- Rezar el Santo Rosario por las almas del Purgatorio. Si lo desea, puede leer El Santo Rosario: un tesoro espiritual para los estudiantes.
- Escribir la lista de los difuntos de la familia y encomendarlos uno por uno en la oración de la noche durante todo noviembre, el mes que la Iglesia dedica a las Benditas Almas.
- Ofrecer pequeños sacrificios por ellos: una renuncia, un trabajo bien hecho, una obra de misericordia.
Preguntas frecuentes sobre el Día de los Fieles Difuntos
¿Cuál es la diferencia entre Todos los Santos y los Fieles Difuntos?
El 1 de noviembre la Iglesia celebra a todos los santos que ya gozan de Dios en el Cielo. El 2 de noviembre reza por las almas que todavía se purifican en el Purgatorio. La primera es una fiesta de alegría; la segunda, un día de oración y sufragio.
¿Se puede ganar una indulgencia por los difuntos?
Sí. La Iglesia concede indulgencia plenaria, aplicable solo a las almas del Purgatorio, a quien visita un cementerio y reza por los difuntos entre el 1 y el 8 de noviembre, y a quien el día 2 visita una iglesia u oratorio y reza el Padrenuestro y el Credo. Se piden las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Sumo Pontífice y desapego de todo pecado, incluso venial. Conviene consultar con el propio párroco o confesor las disposiciones vigentes cada año.
¿Por qué se reza por los difuntos si ya murieron?
Porque la muerte no rompe los lazos de la caridad. Las almas del Purgatorio ya no pueden ayudarse a sí mismas, pero nosotros sí podemos ayudarlas con la oración y el sacrificio. Y ellas, una vez en el Cielo, interceden por quienes las ayudaron.
¿Qué significa «Requiem aeternam»?
Significa «descanso eterno». Son las primeras palabras de la oración y de la Misa por los difuntos: «Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis», «Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua».
Una educación que mira hacia la eternidad
En el Colegio de la Victoria la formación en la fe no es un complemento de la educación, sino su centro. Enseñar a los niños a rezar por los difuntos es enseñarles que la vida tiene un fin, que el amor es más fuerte que la muerte y que todos estamos llamados al Cielo.
Si desea seguir profundizando, le invitamos a leer San Miguel Arcángel, quien según la tradición conduce a las almas ante Dios, El Inmaculado Corazón de María y el espíritu de reparación, o todos nuestros artículos de Fe y espiritualidad.
Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Requiescant in pace. Amén.



