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Colegio de la Victoria

Nuestro Colegio

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AÑOS DE TRAYECTORIA
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ALUMNOS FORMADOS
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FAMILIAS ACOMPAÑADAS
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PAÍSES CON ALUMNOS ACTIVOS

Nuestra Historia

Hace veinticinco años, un pequeño grupo de familias y maestros comenzó un camino común con la convicción de que la educación es una misión sagrada compartida. Desde el inicio, nuestro colegio a distancia se propuso acompañar a los padres en su tarea primaria, a los docentes en su arte magisterial y a los alumnos en su crecimiento integral, para que cada uno alcance la plenitud de su naturaleza. Con ese espíritu, levantamos una comunidad educativa donde la familia es la célula básica de la sociedad y los hijos confiados por Dios son acogidos, instruidos y amados.

A lo largo de este tiempo, hemos renovado los lazos con la maravilla de lo creado y con la memoria viva de nuestra patria, promoviendo un sólido conocimiento de las lenguas clásica y castellana y un encuentro exigente con la tradición, la ciencia y la cultura. Así, niños y jóvenes reciben un bagaje intelectual y espiritual acorde a los desafíos de nuestro tiempo, que les permite transitar el complejo camino de la vida con inteligencia clara, voluntad firme y corazón sensible: estar en el mundo, sin ser del mundo.

Hoy, ese mismo camino ha crecido junto a más de 500 alumnos y 220 familias, que sostienen a distancia — desde Argentina, Chile, España y Nicaragua — la misma vocación educativa con la que empezamos.

Visión y Valores

Soñamos con un colegio que forme personas íntegras, capaces de conocer la verdad, amar el bien y contemplar la belleza; que ejerciten las virtudes cristianas en el hogar y la comunidad, y que, por medio de una educación rigurosa y humanista, encuentren en todo un camino hacia Dios.

Tu futuro comienza aquí

Contáctanos a través de nuestro formulario y da hoy el primer paso para una educación mejor para tus hijos.

NUESTRA CONVICCIÓN

Por qué elegimos no depender del título oficial

El Colegio de la Victoria no busca la titulación oficial del sistema educativo argentino. No es una carencia: es una decisión.

Someter el plan de estudios a la aprobación estatal implicaría aceptar contenidos y enfoques que contradicen aquello por lo que las familias nos eligen. Preferimos conservar la libertad de enseñar lo que creemos verdadero, y resolver la certificación por la vía internacional.

Es una decisión que tomamos con los ojos abiertos hace 25 años, y que volveríamos a tomar.