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Colegio de la Victoria

El Inmaculado Corazón de María y el Espíritu de Reparación

Inmaculado Corazón de María – Colegio de la Victoria

Hoy, 22 de agosto, celebramos con alegría la fiesta del Inmaculado Corazón de María. En el Colegio de la Victoria queremos poner especialmente en manos de la Santísima Virgen a nuestras familias, nuestros alumnos y toda nuestra comunidad educativa, pidiendo que su Inmaculado Corazón nos conduzca siempre al Corazón de su Hijo.

En esta fecha tan querida para nosotros, recordamos también los 22 años de la consagración del Colegio de la Victoria, dando gracias a Dios por este camino y renovando nuestro deseo de vivir bajo la protección maternal de María.

Como nos recuerda el mensaje de Fátima, el Inmaculado Corazón de María está íntimamente unido a una llamada urgente a la conversión, la oración y la reparación.

La llamada de Fátima: conversión y reparación

Los acontecimientos de Fátima contienen una invitación profunda a volver el corazón hacia Dios.

El Ángel enseñó a los pequeños pastores a ofrecer sus oraciones y sacrificios “por los que no creen, no adoran, no esperan y no aman”, y a hacerlo por la conversión de los pecadores.

Más tarde, la Santísima Virgen insistió en la necesidad de la oración y del sacrificio, mostrando que el camino de la vida cristiana no consiste únicamente en pedir gracias para nosotros mismos, sino también en ofrecer nuestra vida por amor a Dios y por la salvación de las almas.

El espíritu de reparación nace precisamente de este amor.

Reparar significa responder con amor allí donde Dios ha sido ofendido, ofreciendo nuestras oraciones, sacrificios y deberes cotidianos por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra Nuestro Señor y contra el Inmaculado Corazón de María.

¿Qué es el espíritu de reparación?

La reparación cristiana no significa buscar el sufrimiento por el sufrimiento mismo.

Significa aceptar y ofrecer con amor aquello que Dios permite en nuestra vida, y también renunciar voluntariamente a pequeñas cosas cuando podemos ofrecerlas por una intención sobrenatural.

El mensaje de Fátima nos muestra a los pastorcitos aprovechando las ocasiones ordinarias para sacrificarse: soportaban con paciencia las dificultades, renunciaban a determinadas comodidades y ofrecían esas pequeñas mortificaciones por la conversión de los pecadores.

Nuestra vida cotidiana también puede convertirse en una ofrenda.

Una oración hecha con devoción.

Un sacrificio aceptado con paciencia.

Una renuncia ofrecida por amor.

Una dificultad soportada sin queja.

Un deber cumplido fielmente.

Todo ello puede adquirir un profundo sentido cristiano cuando lo ofrecemos a Dios.

El deber cotidiano bien cumplido

Hay una enseñanza especialmente hermosa en la espiritualidad de Fátima: la santidad también se construye en las pequeñas cosas de cada día.

El cumplimiento fiel de nuestros deberes puede convertirse en una verdadera ofrenda.

Para los niños y jóvenes, esto puede comenzar con algo tan sencillo como estudiar con responsabilidad, obedecer a sus padres, cumplir con sus obligaciones, tratar con caridad a sus hermanos y compañeros, vencer una mala inclinación o dedicar un momento del día a la oración.

Para los padres, puede manifestarse en la paciencia, el sacrificio silencioso, la perseverancia y la entrega generosa a la familia.

Así, la vida familiar deja de ser solamente el lugar donde cumplimos nuestras obligaciones y se convierte también en un camino de santificación.

María quiere llevarnos a Jesucristo

La devoción al Inmaculado Corazón de María nunca termina en María misma.

Su Corazón conduce al Corazón de Jesús.

La Santísima Virgen no deja de señalar a su Hijo y de llamarnos a vivir según sus mandamientos. Su deseo es que abandonemos el pecado, volvamos nuestro corazón hacia Dios y vivamos en amistad con Él.

Por eso, el mensaje de Fátima conserva toda su fuerza: es una llamada a la conversión, a la oración, a la penitencia y a la reparación.

Como expresa el texto del Libro de la Cruzada del Corazón de María:

“Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.

“Consolad a nuestro Dios”

Una de las expresiones que más impresionó a los pastorcitos fue precisamente la llamada a consolar a Nuestro Señor.

San Francisco recibió con especial intensidad esta misión. Después de las apariciones, su deseo fue ofrecerse para consolar a Jesús y a la Virgen, cuyos Corazones había visto tan profundamente heridos por los pecados de los hombres.

Santa Jacinta, por su parte, quedó marcada por el deseo de trabajar y sacrificarse por la conversión de los pecadores y por la salvación de las almas.

Esta enseñanza nos recuerda que la vida cristiana no puede reducirse a buscar nuestro propio bienestar espiritual. El amor verdadero también nos mueve a ofrecernos por los demás.

Una llamada especialmente necesaria para nuestras familias

En tiempos en que el mundo pierde cada vez más el sentido del pecado y se aleja de Dios, la llamada del Inmaculado Corazón de María conserva una enorme actualidad.

María nos invita a volver a lo esencial:

Orar.

Convertirnos.

Hacer penitencia.

Reparar.

Amar a Jesucristo.

Y, sobre todo, procurar que Cristo reine verdaderamente en nuestras familias.

Como nos ha recordado nuestra comunidad:

“Pidamos al Inmaculado Corazón de María que Jesucristo Reine, en nuestras familias, en nuestra Patria y en el mundo entero.”

Hacemos nuestra esta intención y la elevamos con confianza a la Santísima Virgen.

22 años bajo el amparo del Inmaculado Corazón de María

En esta fiesta tan especial, el Colegio de la Victoria da gracias a Dios por los 22 años de su consagración y pide a la Santísima Virgen que continúe protegiendo a nuestra comunidad educativa.

Que el Inmaculado Corazón de María acompañe a nuestros alumnos.

Que fortalezca a nuestras familias.

Que sostenga a quienes tienen la misión de educar.

Y que nos enseñe a vivir cada jornada con mayor amor a Nuestro Señor.

Que nuestras aulas, nuestros hogares, nuestro trabajo y nuestros pequeños sacrificios sean siempre ofrecidos por amor a Jesús y por la salvación de las almas.

Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros

En esta fiesta del Inmaculado Corazón de María, renovemos nuestra confianza en la Santísima Virgen y hagamos nuestro el deseo que inspiró a los pequeños de Fátima:

amar a Jesús, reparar por los pecados y trabajar por la conversión de los pecadores.

Que María nos lleve siempre hacia su Hijo.

Que su Inmaculado Corazón triunfe en nuestras familias.

Y que Jesucristo reine en nuestra Patria y en el mundo entero.

Inmaculado Corazón de María, sé nuestro refugio y nuestro camino hacia Dios.


Fuente

Las reflexiones y fragmentos citados en este artículo han sido tomados del Libro de la Cruzada del Corazón de María.

Fuente: Libro de la Cruzada del Corazón de María.


 

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